Vivir y morir el anverso y reverso de nuestro caminar.

Vivir y morir el anverso y reverso de nuestro caminar.

Buda

Sólo la templanza nos da la victoria. Recoge la siembra, viste tu cuerpo desviste tu mente, prende tus sueños volando. Tras el fuego un dulce susurro el gran silencio llegó. El mejor guerrero es aquel que se conquista a si mismo.

sábado

Historias de cada día.

Conviviré de nuevo, con otras historias, unos pasos adelante, unos pasos hacia atrás; unos dedos nerviosos jugueteando con el anillo, unos ojos que simulan estar pendientes de unas letras, miradas tiernas que intentan encontrar en otra una sonrisa, una llama de esperanza.

Yo observaré todas las cosas y personas que a mi vera estarán en aquellos momentos, curiosidad inevitable entretejiendo sus historias.

Intentas quedarte lejos de las puertas de entrada, donde una luz roja y verde se alternan, un interruptor de un tamaño considerable te deja salir, pues al entrar es pulsada por otra mano, aquella que te acompaña no fuera a ser que en el último momento decidieras abandonar.

Unos cristales que no te dejan ver el interior, mejor así, pues aunque quieras evitarlo el miedo te paraliza los sentidos.

Deseos de salir huyendo y no volver a tener que encontrarte entre esas frías salas, vestidas como las peras, verdes y blancas, mirando a otro lado cada vez que una de esas puertas se abre y una cama aparece, chirrían las ruedas metálicas al rozar castigando con prisa las baldosas el suelo que profana, desvirgando el silencio que reina en el que solo los latidos de los nerviosos presentes se escuchan.

De nuevo sonreiré a la/el ayudante de quirófano que pronuncie el numero asignado por ese muchacho de admisión de pacientes y el verde será la manera en que sin destacar, volveré a tumbarme en la misma camilla, y el bucle volverá a repetirse. Sólo cambiara la intensidad de la descarga y la duración en que será aplicada la radiofrecuencia en mi cerebro.

Aun sabiendo que no será evitable el dolor, me agarrare, de nuevo, fuertemente a la parte delantera de la camilla, mientras comienza el preludio del baile metálico del instrumental quirúrgico, de unas manos a otras, sin rozar más piel que la mía.

Momento  en que mi espalda será cubierta por un enorme parche frío.

Voces que serán, imagino, la mayoría de las ocasiones, agradables susurros, entre todos los que en ese momento habitan aquel frío cubículo.

Desde el ordenador mi médico observará el punto aproximado por donde deberán ser introducidas las tres agujas.

En breves momentos, estará a mi lado y palpará los nervios de la parte baja izquierda del cerebro que debe invadir.

No sentiré como penetra la primera aguja, no es igual que en la piel, es distinto, no sabría definirlo, será peor la retirada; lo nombran infiltración. Sientes presión solo que es una mezcla de medicación.

Y llegara el acto final de la obra, dos agujas huecas que penetran e invaden el punto de tu cerebro, donde se aplicará la radiofrecuencia, no se a cuanta profundidad, pero notare como se invade ese espacio donde las neuronas se conectan, esos nervios que confluyen y ordenan las acciones que nuestro cuerpo realiza.

A cada momento me preguntaran si me encuentro bien, si aguanto el dolor, si es la zona donde normalmente siento esas descargas tan dolorosas, conocidas como dolor postherpético o "La enfermedad del suicida"

Cuando comience la radiofrecuencia, seguiré agarrada a la camilla y estaré de nuevo, como la vez anterior, muy tensa pero volveré a pensar en ese cielo azul, en ese atardecer, horizonte en el que el mar y el cielo se funde, y habrá momentos en que tendrán que volver repetirme la pregunta, por qué no estará aplicándose en  el lugar correcto,  por qué estaré volando en otros mundos, para no sentir el dolor que será esta vez, más intenso y duradero, sé que volveré a relajarme para sentir menos el dolor.

Cuando todo acabe me levantare despacio de la camilla y si todo está en orden, me ayudarán a cambiarme para marchar a casa, mi cama será mi amiga durante una semana.

Y al menos cuatro veces más este bucle se repetirá exactamente igual, con la certeza, porque si no, sería ridículo pasar por esta situación, de que esos nervios dañados por el virus del herpes zoster, se regeneraran y la vida que hace un año se paró, volverá de nuevo a fluir.

Siempre hacia adelante, y si no hay cambios, hay dos opciones, te encierras a morir viviendo o vives adaptando tu vida a los cambios que han surgido, yo sin duda, seguiré caminando, ya se verá como, no adelantemos hipótesis

Tras la tormenta, cuando el viento despeja la arena y todo se calma, tal vez, encuentres lo que necesitas, mientras danza en la música de tu silencio.

Marijose.-